Luces

De El Taller
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LUCES

Jesús Rodríguez Resino. Junio 2007

Percíbase que cualquier buena obra clásica debe ser enmarcada en el contexto de cuando fue concebida. Lo mismo ocurre con esta maravilla, que debe ser situada en su época precisa, no antes ni después. Nótese lo que digo que es primordial para el entendimiento de la obra, y acomódese a disfrutar con esta floritura del Adefesio.

El Autor

ESCENA PRIMERA

(Mientras que las finas gotas de lluvia golpeaban sobre la ventana, enjuagando de mala manera el polvo que en ella se había acumulado, Sánchez Dragó Estrella se afanaba en exprimir su cerebro para rematar las últimas líneas de la columna que tenía que entregar a la mañana siguiente. Mientras tanto Baldomero, su criado, que solía deambular por la casa simulando que tenía infinitos quehaceres, le reportó una buena noticia.)


Dragó Estrella.- ¿En qué faena se debe conjeturar que ocupas el tiempo que pasas aquí todos los días? ¿Es que no te parece suficiente con que te provea de techo y puchero para que, cuanto menos, me pagases con algo de trabajo, por escaso que fuera? Infeliz, que eres un infeliz. Y aquí la única víctima soy yo. ¡Desdichado de mí, que me mato a trabajar para dar de comer a semejante chusma!

Baldomero.- No se me encolerice maestro, que hoy le traigo buenas nuevas que le van a alegrar esa cara. Que es usté un angelote, y no le desagravia estarse enfadao. Me he encontrado hoy con la Juanita, la criada de la señorita Esperanza, y me ha dicho que si no le es a usté mucho denuesto, si puede ser, que se reúna con ella, con la señorita Esperanza claro. Dice que acuda usté a su casa, que le requiere para un asunto importante. No me ha dicho que era, pero parecía urgirle. A lo mejor esto nos saca de este barranco, pues, sin ánimo de enfuruñarle, llevo comiendo cebolla con ajos desde hace más de una semana.

Dragó Estrella.- ¡Y más que vas a seguir haciéndolo! Porque por tu falta de respeto hacia mi, aunque me halle con un lingote de oro al doblar la esquina, no te pienso dar un mísero euro para saciar tu hambre. Respecto a lo de la señorita esperanza, escríbela un e-mail y hazla notar que acudiré a mi cita tan pronto como me sea posible, pues sigo muy ocupado con la redacción de mi novela.

Baldomero.- Descuide maestro, que no tardaré en hacérselo llegar.

ESCENA SEGUNDA

(Mientras que las finas gotas de lluvia golpeaban sobre la marquesina, enjuagando de mala manera el polvo que en ella se había acumulado, Sánchez Dragó Estrella y la señorita Esperanza hablaban en el café Gijón sobre un puesto vacante que había quedado en un medio de prestigio de la capital.)

Señorita Esperanza.- El puesto ha quedado vacante por motivos personales del anterior, que era un discordante incongruente, y se salía de madre. Lo que me ocupa ahora es ocuparlo cuanto antes, valga la redundancia. Así que he pensado en ti el primero. Un hombre de tu talla, de tu maña experiencia para las letras. Definitivamente creo que serías el hombre perfecto para ocupar ese puesto. ¿Qué me contestas?

Dragó Estrella.- Me halagan tus cumplidos, amiga Esperanza. Esperanza de Híspalis, a tí no te lo puedo negar. Como tampoco puedo negar que pienso que estos esconden un trasfondo ladino, pues creo que lo único que te interesa es ocuparlo cuanto antes para no levantar polémica. Ciertamente, si no me he informado mal, ya eres un tema discordante en ese medio y no creo que te interese acrecentar las iras de los que te tienen entre ceja y ceja. Sin embargo, viniendo esta amable oferta de quien viene, y conocido el mucho aprecio que te tengo, no me puedo hacer de rogar. Rotundamente, acepto.

Señorita Esperanza.- ¡Claro! Si ya sabía yo. A mis encantos nadie se puede resistir. Mañana mismo empiezas. Hablaré en seguida con el director del medio para que lo arregle todo. Sin más preámbulos, me voy a tener que ir. Mis diversos compromisos me reclaman. ¡Ah! ¡Por cierto! Tendrás que aceptar mis sinceras disculpas, pero no he podido recibirte en mi casa. Realmente, el sueldo no me llega ni para poner la calefacción y no quería que te sintieses incómodo.


ESCENA TERCERA

(Mientras que las finas gotas de lluvia golpeaban sobre el gran tragaluz del estudio, enjuagando de mala manera el polvo que en él se había acumulado, Sánchez Dragó Estrella hablaba con el director de “El Popular”. Mientras que se ultimaban los últimos ajustes técnicos, nuestro personaje se preparaba para salir en antena. Leía los apuntes que un becario le había endosado y hacía unas últimas correcciones, cuando se oyó la voz del regidor.)

Regidor.- ¡Silencio! ¡Cinco y en directo! ¡Vamos Fernando!

Dragó Estrella.- (Desde el plató de televisión, dirigiéndose a los espectadores) Buenas noches. Bienvenidos a Diario de la Noche. Vamos con las principales noticias. Hoy ocupa nuestra atención el juicio del 11-M. (Lee) Nos ha llegado esta mañana a la redacción el informe pericial de la Policía Científica que relaciona a ETA con los atentados del 11-M. (Sigue leyendo) Este informe es la prueba contundente para inculpar a ETA los sangrientos atentados de Madrid. (Improvisa) Bueno, parece que debe haber un error de redacción, mejor pasamos a las siguientes noticias. Seguimos muy de cerca con el caso del ETARRA asesino de veinticinco personas Iñaki de Juana Chaos. El Partido Socialista, en su nuevo intento por desmembrar España […] Bueno, mejor vamos a publicidad y continuamos enseguida.

(Suena la sintonía del programa)

Regidor.- ¡Pero quién se cree usted que es, novato, para desacatar las ordenes de lo que dicta el Dictador! ¡Abandone el plató <<ipso facto>>, y no dude de que tendrá noticias nuestras por medio de la vía judicial!

(Sánchez Dragó Estrella abandonó los estudios de Pozuelo cabizbajo y cariacontecido, arrepentido de su primer y último día de trabajo en la casa de los madrileños. Sin embargo, eso no fue lo peor. A la semana siguiente, recibió en su domicilio un pliego que certificaba su ingreso en prisión por diversas causas atrasadas. Sin duda, una estrategia política de su “amiga” para enviarle a la cárcel.)


ESCENA CUARTA

(Mientras que las finas gotas de lluvia golpeaban sobre los barrotes de la cárcel de Alhaurín, enjuagando de mala manera el polvo que en ellos se había acumulado, Sánchez Dragó Estrella se encontraba por primera vez con quien luego sería su mejor “amigo”, Julián Muñoz)

Julián Muñoz.- ¿Mi vida? He jugado mal mis cartas y mírame ahora. Yo solo intenté aplicar la que creía única solución a los problemas de la sociedad contemporánea. Pensé que si les quitaba el dinero a los ricos, y se lo daba luego a los pobres, la balanza mundial se igualaría un poco. Pero cuando ya había robado todo el dinero a los ricos, especulé que los pobres no merecían aquellos peculios que tanto me había costado reunir, y preferí repartirlos con mi querida Isabel. ¡Ahí, Isabel!

Dragó Estrella.- ¡Qué pena me das, Julián! Tanto esfuerzo que no se ve recompensado sino con la cárcel. ¡De tí me compadezco! Los entresijos de la vida, son sibilinos. Te voy a enseñar algo Julián. Una teoría que tengo, que está escrita en este libro que tengo aquí guardado, de mi puño y letra Cuando salga de este antro, lo pienso publicar y salir por fin de esta indigencia en la que sucumbo.

Te leo un fragmento, amigo: “Los superhombres conservadores irradiados en los arquetipos sinuosos dan el Adefesio. El sentido infausto de la vidorra ibérica sólo consigue proveerse con una artística persistentemente disfrazada. España es una aberración caricaturesca de la perfección europea. Las representaciones pictóricas más agraciadas en un espejo sinuoso son absurdas. La distorsión deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi artística actual es transfigurar con matemática de arquetipo sinuoso las normas más conservadoras.”

Julián Muñoz.- ¡Cómo te admiro, Fernando! Ahora, otra cosa te voy a decir. Estuve anoche cavilando, y creo vehementemente que, según los tiempos que corren, la manera de salir de aquí no es ahondando un túnel, sino poniéndome en huelga de hambre. Sin embargo, sabes bien de mi buen saque. Y yo solo no me iba a atrever. Ya me ves venir, intuyo. Te propongo Mala Estrella, que la secundemos juntos, hasta la muerte si es menester.

(Así pues, embrollado por Muñoz, comenzaron ambos una huelga de hambre, para que les dejasen en libertad. Sin embargo, el hambre acuciante pronto empezó a hacer mella en Julián, que no pudo resistir la gula y que acabó comiendo a encubiertas de Dragó, mientras que éste se moría, literalmente, de hambre. Y así, tras una semana de huelga secundada, Dragó feneció en el trono de la celda. Julián le hurgó en los bolsillos y le sacó los apuntes del libro. Se los guardó debajo de la almohada, y llamó a los carceleros.)


ESCENA QUINTA

(Mientras que las finas gotas de lluvia golpeaban sobre la cubierta del féretro de Sánchez drago, los familiares y amigos se arremolinaban alrededor del sepulcro para escuchar la misa con que el párroco Rouco le daba el último adiós)

Señorita Esperanza.- ¡Qué pesar mas profundo en mi corazón! ¿Bueno, qué? ¿Nos vamos, Baldomero?

Baldomero.- Sí. Porque ya, ¿pa’ que? Aquí no hacemos na’.

Julián Muñoz.- Diga usted que sí. El muerto al hoyo, y el vivo al bollo. Vamos, que les invito a comer para celebrar que me han puesto en libertad y que una próspera época comienza ahora para mí. ¡Qué Dios tenga en su gloria nuestro amigo Fernando!


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