Cuentos, relatos, leyendas y otros apólogos

De El Taller
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Cuentos, relatos, leyendas y otros apólogos

© Carlos Moreno Rodríguez

Depósito legal: LE-1795-1999

ISBN: 84-931154-4-4

Quedan rigurosamente prohibidas sin autorización escrita del autor, la reproducción asistida o no, "in vitro" o por cualesquiera otro procedimiento de fecundación artificial, comprendidas la clonación, réplica ribonucleica o duplicación por mitosis neuronal.

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LEÓN (España)-1999



EL DESAFÍO DEL BOSQUE

A Esther

Se habían reunido todos los animales del bosque. Nadie se quería perder el combate del siglo. Mamá Conejo había ido acompañada de sus chiquitines, las ardillas habían tomado posiciones en una rama de un árbol bien alto, los jilgueros y ruiseñores formaban el gallinero, los osos se apostaron detrás de quince ovejas y siete carneros y, hasta las tortugas del lago habían salido una semana antes para llegar a tiempo. La seguridad estaba encargada a la manada de lobos, quienes distribuían a los rezagados por los arbustos y los árboles. A Curvas, la culebra, le tocó estar encima de una roca al sol y tuvo que ser atendida porque se deshidrataba. Las hormigas colocaron a los insectos: los que volaban, en lo alto de las flores; los que no, en los tallos y las hojas. A Don Justo, el búho, le tocó ser el árbitro por aclamación. Jamás se había visto semejante alboroto y, las madrigueras, cuevas y agujeros, nidos y casas estaban vacíos. Todos se encontraban alrededor de un pequeño claro del bosque al que cubría una tupida hierba verde.

Cuando Don Justo se aproximaba bamboleante hacia el centro del claro, los trinos y las voces fueron cesando poco a poco.

- Ejem, ejem -carraspeó Don Justo-. ¡Hoy nos hemos reunido aquí para establecer quien es el ganador del Desafío del Bosque! -y el público aplaudió entusiasta-. ¡Este acontecimiento sin par tiene lugar cada cien años; y sólo los duendes protectores del bosque tienen posibilidad de concurrir al Desafío! -y el público volvió a aplaudir-.

Don Justo, ante la algarabía, batió suavemente sus alas en señal de aprobación y para que cesaran los aplausos y los gritos de júbilo. Mientras, Mamá Conejo, repartía una zanahoria a cada uno de sus hijos. Don Justo, cuando acalló el jaleo, prosiguió.

- ¡Los duendes que hoy acceden al combate de esta centuria son representantes de dos castas históricas en el Desafío! ¡Por un lado y, representando a las hadas y a las brujas buenas del Lago Encantado, aspirante al título honorífico de Campeón de Protectores del Bosque... BAARRRRRIGUIIINAAAASS! -y las tortugas, las ranas, los ratoncillos, los insectos, los patos y los animales que iban a beber al lago, aclamaron con fuerza a su protectora, lanzándola vítores y guirnaldas para procurarla ánimos antes del combate.

Barriguinas salió entre las hadas levitando y dejando tras de sí una pequeña estela de luces de colores. Como su tamaño no era mayor que el de un pétalo de flor, algunos animales se empujaron para poder verla. Portaba en su mano derecha una varita mágica que movió en círculos cuando volaba al centro del claro. Estos círculos asombrosos lanzaron fuegos artificiales que formaron alegres figurillas en el aire y volvieron al cielo de un color tan maravilloso que todos los presentes gozaron del panorama y aplaudieron a rabiar.

El vestido de Barriguinas lo habían hecho los gusanos de seda especialmente para el evento. Las sedas eran tan puras y tan magníficamente tejidas que formaban un hechizo en sí mismo, convirtiéndose en un escudo contra las inclemencias exteriores: ni la lluvia, ni los rayos, ni el ardiente sol del verano podían traspasar el fascinante tejido.

Entonces, Barriguinas, se posó suavemente al lado del árbitro. Don Justo, abrió sus grandes ojos y casi se desmayó al contemplar tanta belleza. Un poco aturdido, Don Justo volvió a carraspear:

- Ejem, ejem... Bueno, ejem, ejem... Continuemos. ¡En el otro lado y, defendiendo el título de Campeón de Protectores, representando a los gnomos y duendes de las plantas y de las flores del Bosque de la Simpatía... BAAARRRIIGOOTAAASS! -y los conejos, las ardillas, los osos y los animales que habitaban en los árboles exclamaron gritos de apoyo que ensordecieron el bosque-.

Barrigotas, de un salto espectacular, dando volteretas y haciendo cabriolas, alcanzó el centro del claro. Fue tan graciosa su entrada que todos rieron durante más de cinco minutos; y todos los animales vieron la felicidad que escondía aquel prodigioso salto. Como Barrigotas tampoco levantaba más de un palmo, también algunos se empujaron para verlo.

Una vez en centro, Barrigotas se quitó el gorro rojo e hizo una reverencia tan divertida que volvió a hacer reír a los presentes. Con su sonrisa picarona y sus orejas puntiagudas, Barrigotas era capaz de hacer reír al más triste, levantando el ánimo y repartiendo felicidad a todos cuantos le rodeaban. Su sencilla y humilde vestimenta era como su forma de ser; por eso era el más querido de los Duendes Protectores.

Barrigotas hizo un gesto para que todos callaran. Se agachó y se puso en cuclillas. Cuando todos estaban en silencio... ¡Prrrrrrrrrrrrrrr...! ¡Tiró un pedo que retumbó en todo el bosque! Y todos rieron tanto que les dolía ya la barriga y no había empezado el combate. Pero... ¿qué es ese aroma que inunda el bosque? Los animales olfatearon la brisa y volvieron a reír. Barrigotas había tirado un pedo que olía a chocolate con churros.

- ¡Je, je, je, je...! -reía Don Justo ante las gracias de Barrigotas-. Bueno, bueno..., je, je... En fin... je, je, je... vamos a ver si podemos continuar. ¡Presentados ya los contendientes, desearles suerte en... EL DESAFÍO DEL AMOR; en el que los combatientes tendrán que demostrar su profundo amor, respeto y cariño por su rival! ¡El que mejor demuestre los valores de los cuentos, leyendas y fábulas que se han escrito y que habrán de escribirse, será el ganador y será aclamado como vencedor por un siglo entero! ¡El combate será a un solo asalto sin descanso y, la aclamación del público presente, dictaminará en favor de uno u otro! ¡Qué se saluden los contendientes...! -y Barriguinas y Barrigotas se estrecharon calurosamente la mano- ¡... y vaya cada uno a su rincón!

El público jaleaba a su favorito con fervor y admiración. Gritos y ovaciones de gala se sucedían en un frenesí y entusiasmo jamás visto. Tal fue el bullicio formado, que se recordó en más de mil cuentos posteriores al acontecimiento: el Combate del Siglo fue memoria eterna de cuantos tuvieron noticia de él; quienes, de boca en boca, lo transmitieron a las generaciones venideras para que constara en los anales de la historia. Por eso, contentos, felices y conscientes de cuanto allí sucedía, los animales del Bosque de la Simpatía animaban con pasión inusitada a sus protectores y, por si acaso, al otro también. Así, todos animaban a Barriguinas y Barrigotas indistintamente porque les querían por igual.

- ¡Qué comience el combate! -exclamó Don Justo con voz potente. Y los dos contendientes salieron de sus rincones dispuestos a una lucha sin tregua por el amor del otro. Entonces, el silencio se apoderó del bosque. De repente, todos los animales callaron y se mostraron expectantes. ¿Quién sería el primero? ¿Quién ganaría? Se preguntaba el público lleno de curiosidad.

Barriguinas levantó su mano y puso la palma junto a sus labios. Dándola un beso, apuntó a Barrigotas y dio un soplido mágico de estrellitas de caramelos. El beso recorrió por el aire la distancia que lo separaba de Barrigotas. El ágil duende, a sabiendas que los besos de las hadas son los mejores dados de todos, pensó: "Si esquivo el beso no demostraré mi cariño hacia ella, pero si me lo dejo dar quedaré sumido en el profundo amor de ella y perderé el combate. Sólo el guiño del los diablillos traviesos puede con el beso de las hadas".

Dicho y hecho. Cuando el beso gravitante del hada iba a dar a su mejilla, de un rápido movimiento, Barrigotas lo atrapó entre sus párpados del ojo derecho y lanzó un guiño de simpatía mientras decía:

- Eres muy amable por este rico beso -y cogiéndolo de sus párpados, se lo llevó a la boca y se lo tragó-. Aquí dentro estará seguro y calmará mi hambre -dijo Barrigotas mientras se frotaba el vientre- ¡Uhm, qué rico está!.

El público rió la ocurrencia del duende en tanto que miraba el revoleateador guiño como se dirigía hacia Barriguinas. El hada dirigió su varita mágica hacia el guiño y lo rodeó de un áurea brillante y hermosa. Fue tan bonito lo que hizo Barriguinas, que arrancó un "¡Ohhh!" a la totalidad de los presentes.

- Gracias por ese gentil guiño, Barrigotas; pero es tan lindo que sólo merece ser visto rodeado de luz y de color, para ser contemplado por el mundo entero -dijo Barriguinas a la vez que hacía el hechizo.

Ante el cumplido de Barriguinas, a Barrigotas solamente le quedaba por hacer una cosa. El público miraba esperando que el duende realizara una graciosa cabriola, pero todos sabían que era insuficiente ante la aureola plateada que rodeaba al guiño de los diablillos. El combate parecía estar decidido del lado de Barriguinas. Entonces, el pícaro duende, se postró ante el hada y pronunció las siguientes palabras:

- ¡Oh, reina de la aguas y de los cielos, tu amor por las cosas y seres vivos que pueblan el planeta, es muy superior al que un humilde duende como yo puede producir. Sed pues la ganadora para el resto del siglo y tened como vasallo a este loco histrión!

El claro del bosque quedó en silencio. ¿Cómo? ¿Barrigotas se retira? ¡Imposible!, se decían unos a otros mientras la postración a los pies de Barriguinas iba en aumento. El hada se sintió sorprendida por aquel gesto y los murmullos de los presentes iban en aumento. Tanto, que el juez de la contienda, Don Justo, tuvo que intervenir:

- ¡Calma, calma!- decía a los más exaltados-, pronto conoceréis al vencedor.

- ¿Quién es? ¿Barriguinas? Barrigotas se retiró-, trinaban los pájaros por doquier.

- ¡Qué se suspenda el combate, estaba amañado!-, gritaron los lobos.

¡Qué se repita-, preferían los cachorros

Mientras, Barrigotas seguía postrado a los pies de Barriguinas sin inmutarse. El hada lo miraba tan tiernamente que su pena hizo llorar a más de uno. Sin embargo, volvió a intervenir Don Justo:

- ¿No os dais cuenta?

- ¿De qué?- preguntaron con curiosidad todos.

- Pues Barrigotas -prosiguió Don Justo- ha preferido dar como vencedora a Barriguinas por el gran amor que le profesa y jamás, repito JAMÁS, se ha visto prueba de amor igual en tan singular combate.

- ¡Bien!-, exclamaron los partidarios del duende que seguía postrado.

- ¡Un momento, un momento!-, interrumpió Don Justo;-. El que haya sido una prueba de amor inigualable no quiere decir que haya ganado.

- ¿No?-, se preguntaron todos en virtud de que parecía prueba suficiente de amor absoluto.- ¿Por qué?- inquirieron al búho.

- Sencillamente -respondió Don Justo- porque él ha dado vencedora a Barrigotas y, aún ganando con ese gesto altruista, esa ganancia ha sido transferida al hada.

-¡Ahhhhhhh!-, atónitos contestaron al unísono.

- Entonces ¿quién es el ganador?-, preguntó un hijo de Mamá Conejo.

- Por este siglo, reinarán los dos y reinarán por el derecho que asiste a su amor conjunto. El uno sin la otra quedaría vacío, lo mismo que la una sin el otro, reinaría sin corona.

Y así fue como por primera vez en las leyendas del lago y del bosque, reinaron conjuntamente la magia protectora de ambos, repartiendo felicidad y amor a los objetos y seres que protegían. Su reinado fue tan querido que se prolongó hasta nuestros días; sin que se sepa, hasta la fecha, que haya cambiado de alguna manera o forma.

Dicen algunos niños que se han acercado a ese lago y a ese bosque, que han visto a Barriguinas tirándole de las orejitas a Barrigotas y, otros, que han visto a Barrigotas hacer cosquillas a Barriguinas; pero los niños... ¡ya se sabe!, ¡inventan cada cosa...!

fin



¡YO NO HE SIDO!

Nadie sabía lo que había pasado. La profesora no estaba en la clase. Pero Juanín no se preocupaba de eso. Juanín tiraba de la coleta a Mónica y Mónica gritaba mucho. Pedrito y Quique estaban tirados por el suelo jugando a los soldados, porque ayer habían visto una película de guerra. Chelo, Mari y Toñín se subían a las sillas y las mesas poniendo todo perdido. Toñín, al final, se cayó y empezó a llorar. Mónica seguía gritando, ya que Juanín le seguía tirando de la coleta. Chencho se tragó una canica creyendo que era un caramelo y, había pensado que estaría muy rico por los colores tan bonitos que tenía. Chencho también se puso a llorar, puesto que el 'caramelo' no sabía a nada y pensaba que había hecho algo malo. Mari, que antes se rió cuando se había caído Toñín, tropezó y se cayó ella, empezando a llorar y echando las culpas a Mónica; quien no dejaba de gritar porque Juanín le tiraba de la coleta. Toñín había preguntado a Pedrito y Quique que si le dejaban jugar a los soldados, pero le dijeron que no y empezaron a discutir dando voces. Quique decía que mandaba más un teniente que un comandante, Pedrito quería ser un general que se convertía en el sargento de la película de ayer; y Toñín quería jugar aunque sólo fuera el rey que los mandaba a todos.

-¡Silencio, niños! -se oyó en la puerta de la clase. Era Don Torcuato, el director- ¡Sentaos; y tú, Juanín, deja de tirarle del pelo a Mónica!

Dijo que la 'seño' estaba enferma y nos contó un cuento que ya no me acuerdo de cómo era, ni tampoco se acuerda ninguno de la clase; porque nos mandó hacer un resumen y nadie sabía cómo hacerlo; entre otras cosas, porque ninguno sabíamos escribir todas las letras que Don Torcuato nos dijo. Entonces Toñín volvió a preguntar a Pedrito si podía jugar a los soldados cuando Don Torcuato marchó. Chelo había traído pegamento de casa y empezó, junto con Mari, a ensuciarlo todo mucho más que antes. El pobre de Chencho seguía gimoteando por lo de la canica; dado que yo le había dicho que se iba a envenenar y que se iba a morir. Y Juanín seguía tirando de la coleta a Mónica que gritaba más fuerte. Quique pegó una torta a Pedrito, pues Pedrito quería ser coronel y Toñín, muy contento, dijo que si jugaban a las peleas, que era mejor que a los soldados. Chencho ya se veía enterrado y lloraba con más fuerza que antes; y yo le decía que no iba ir al cielo porque se había tragado la canica. Mari se pegó las manos y no podía separarlas, Chelo se había pegado en el pelo unas tizas de colores que la 'seño' tenía reservadas para los dibujos en la pizarra; Toñín, Pedrito y Quique jugaban a las peleas tirándose el borrador y las mochilas; Chencho lloraba y lloraba, diciendo que se iba a morir cuando yo le contaba las cosas feas que hacen en el infierno con los niños que se tragan las canicas; y, Mónica seguía gritando porque Juanín le tiraba de la coleta.

-¡Ya está bien! -otra vez Don Torcuato que nos mandó callar-.

Y entonces tuvo que llevar al servicio a Mari a ver si con agua caliente la podía separar las manos. Cuando volvió, Chencho había devuelto y la canica daba botes por la clase. Don Torcuato tuvo que cortar algunos mechones de pelo a Chelo para quitarle las tizas de la cabeza. Toñín cogió la canica y se la guardó en el bolsillo. Quique y Pedrito estaban castigados de rodillas mirando a la pared, aunque cuando no miraba Don Torcuato, volvían a jugar a las peleas. Chencho estaba limpiando lo que había devuelto, pero lo esparcía más y, al final, lo tuvo que hacer Don Torcuato. Mari separó las manos y dijo que había sido la Virgen; aunque Don Torcuato se enfadó mucho con ella y la dijo que no había sido la Virgen y que dejara de hacer el tonto. Chencho tropezó con el cubo del agua y lo tiró todo por el suelo; y entonces, Don Torcuarto miró al techo y puso las manos en cruz como si estuviera castigado. Toñín le dijo a Don Torcuato que si podía ser capitán cuando jugasen Pedrito, Quique y él a los soldados; pero Don Torcuato le dijo que era él el que mandaba y les puso firmes a los tres. También dijo que era un ejército muy moderno y mandó a Mari y a Chelo ponerse en la fila. Como Juanín seguía tirando de la coleta a Mónica, lo puso de rodillas y dijo que era soldado raso. A Chencho lo dejó por imposible y le mandó sentarse y que se estuviera quieto. Chencho lo intentó, pero se puso nervioso y se cayó de la silla. Como Mónica se rió, la puso en la fila del ejército; y a Chencho, lo cogió y lo dejó medio tirado en la fila.

A mí, Don Torcuato me miró y me dijo que era el culpable de todo y que tenía el demonio en el cuerpo. Entonces, me castigó a escribir lo que había ocurrido; y que si me olvidaba de algo me iba a acordar de él. Pero si se me ha olvidado algo es porque no me acuerdo y porque soy pequeño; y lo único que hice mal, fue decirle a Juanín que Mónica le quería y que la gustaba que le tirasen de la coleta; y hablarle a Chelo de lo guapa que estaría con las tizas de colores en el pelo; y decirle a Toñín que le preguntase a Don Torcuato que si le dejaba mandar; y decir a Mari que fingiese que tenía las manos pegadas; y contarles a Quique y Pedrito una película de guerra que mis padres no me dejaron ver; y decirles a Chelo, a Mari y a Toñín que saltando por las mesas se lo pasarían estupendo. Pero en lo de la vomitona de Chencho yo no tengo la culpa Y que si se muere por lo de la canica, es porque se la tragó él; y no porque yo le dijera que lo de dentro de las canicas eran los caramelos más ricos que hubiera probado nunca. Yo, de verdad, en eso, no tuve la culpa.


FIN


DIARIO DE ULISES PANCORBO

A Jimena, panteraj1

Día 1 de Agosto de 1.998

Comienzo a escribir este diario porque en mi casa empiezan a suceder cosas extrañas. Pero primero me presentaré. Me llamo Ulises Pancorbo Tulipa y tengo nueve años. Segundo, presentaré a mi familia. Mi padre se llama Máximo y es ingeniero. Mi madre se llama Adriana y, a parte de poner la lavadora y reñirnos a mi hermana y a mi, ve la televisión. Mi hermana pequeña se llama Carmen y tiene dos años. No sé si la dan bien de comer, porque lo único que hace es tragarse todo lo que puede coger. Me parece que yo, a su edad, tiraba las cosas por la ventana. Cuando lo traté de hacer con mi hermana, mis padres me riñeron mucho y, desde entonces no he vuelto a tirar nada por la ventana.

Hoy no ha pasado nada de particular, pero mi madre dijo a mi padre que a la televisión le pasaba algo de unas rayas que salían y que no se veía bien. Mi padre desmontó el aparato y miró la antena, pero debió hacer algo mal porque en la televisión se escuchaban transmisiones de los barcos y en la radio se escuchaba la televisión. Durante el tiempo, hasta que vino el técnico, que duró eso, yo aprendí mucho de barcos de pesca y temporales, pero mi madre no hacía más que llamar a mi padre cosas como: manazas, gafe, y memo. Lo peor que le sentó a mi padre fue que arreglaran la televisión, porque él se lo pasaba muy bien escuchando a los barcos, pero me parece que era para no aguantar a mi madre.

11 de Agosto de 1.998

Como hemos ido a la playa se me ha olvidado escribir en el diario, por eso voy a contar lo que ha sucedido hasta hoy. El viaje hacia la playa no fue muy bueno. Mi hermana vomitó cinco o seis veces (no las conté), mi madre le decía a mi padre cada 5 minutos o así que fuera más despacio; y mi padre le decía a mi madre que a 60 km. no se podía ir por la autopista. Mi madre le dijo entonces que era un homicida de su familia y que no nos quería a ninguno. Entonces mi madre nos abrazó a mi hermana y a mi y nos empezó a besuquear. A mi me gustaron unas montañas y un puente por el que pasamos. Después del puente había un túnel muy largo y mi hermana se puso a llorar porque le daba miedo.

En la playa, mi madre nos echó un crema, pero a mi se me pegaba la arena y me daba asco, con lo que me metí en el agua y estuve jugando con las olas; cuando volví, mi madre dijo a mi padre: "¡Mira lo que ha hecho tu hijo!" y me regañó mucho. Me volvió a untar de crema y se me volvió a pegar la arena. Yo me fui a bañar otra vez, pero a escondidas de mi madre. Mi padre me vio pero no dijo nada.

Mi hermana, en la playa, se tragó mucha arena y se puso enferma y todo, y tuvimos que regresar antes de tiempo. Mi madre dijo a mi padre que no sabía porqué habíamos ido a la playa que mirara lo que le había pasado a la niña. Pero mi hermana lo que hacía era vomitar una y otra vez. Y mi madre le echaba las culpas a mi padre.

12 de Agosto de 1.998

Mi padre dijo que iba a comprar tabaco y no ha vuelto. Mi madre está llorando y cada poco nos abraza a mi hermana y a mi y nos da besos. Ella dice que mi padre es un mal hombre y que nos ha dejado y que no va a volver, qué a saber con que víbora se habrá juntado. Yo quiero que mi padre me enseñe la serpiente porque a mi me gustan mucho.

13 de Agosto de 1.998

Mi padre llegó a casa muy temprano, iba cayéndose y haciendo eses al andar. Mi madre lo llamó borracho y alcohólico, y otras cosas que no me acuerdo pero eran muy malas y pecados. Cuando mi padre estaba acostado en la cama y mi madre lloraba y gritaba por toda la casa, yo fui a la habitación de mis padres y le pregunté a mi papá si me iba a enseñar la víbora algún día. Él me dijo que sí y rió mucho. Y al rato estaba roncando. Yo me quedé mirándolo mucho rato a ver que pasaba, pero él seguía roncando y durmiendo. Mi madre siguió llorando y gritando contra mi padre. A mi me dijo que era igual que él y que todos los hombres éramos unos mierdas. Pero yo me lavo las manos antes de las comidas y me baño con mi hermana todos los días.

14 de Agosto de 1.998

Mi padre y mi madre estuvieron hablando mucho rato. Mi madre lloraba y daba voces; y mi padre decía "perdón" continuamente. Mi hermana se tragó 3 soldados míos de juguete y ¡menos mal que le quité la caja donde los guardo, que sino se los tragaba todos! Luego mi hermana se tragó un mechero, dos hojas del periódico y un botón de su camisa. Yo la miraba pero sólo hacía eso. Cuando mi madre salió llorando, nos volvió a besar a mi hermana y a mi; y se fue al servicio. Yo le pregunté a mi padre que cuando me iba a enseñar la serpiente. Él no me dijo nada, pero me sonrió. Después de eso no sucedió nada.

18 de Agosto de 1.998

Se me ha vuelto a olvidar escribir el diario. Mi padre ha comprado una televisión nueva y mi madre se ha puesto muy contenta porque tiene muchos canales y un vídeo incorporado. Hoy nos hemos pasado viendo la televisión todo el rato.

19 de Agosto de 1.998

Mi hermana se tragó no sé qué y tuvieron que llevarla al médico. Le volví a preguntar a mi padre que cuando me iba a enseñar la serpiente, pero me volvió a sonreír y no dijo nada. A mi me parece que eso de la serpiente es mentira o que mi padre la tiene escondida para que mi madre no se la vea.

Mi madre me compró ropa después de llevar a mi hermana al médico y me dijo que era muy bonita. Pero yo hubiera preferido que me comprara una bicicleta nueva porque la que tengo se me queda pequeña. Mi madre me dijo que la diera un beso por portarse tan bien conmigo, pero yo me marché corriendo a mi habitación. Me llamó desagradecido y dijo que todos los hombres éramos iguales. Me puse a jugar con la video-consola pero mi madre no me dejó hasta que la di un beso. Yo no sé porqué tengo que dar tantos besos a mi madre. Yo prefiero dárselos a Julia, mi compañera de colegio. Pero ahora no puedo porque estoy de vacaciones. Me parece que las mujeres todo lo arreglan con besos porque Julia cuando nos enfadamos siempre quiere que la bese para arreglarnos de nuevo. Y mi madre dice a mi padre que le dé besos también. Y cuando les das besos a las mujeres se ponen muy contentas. Pero hay veces que da asco...¡puaj!

20 de Agosto de 1.998

Hoy me castigaron porque tiré por la ventana un juguete de mi hermana. Yo les dije que ella se había tragado unos soldados pero les dio igual. Mi hermana se siguió tragando cosas y yo castigado. Toda una injusticia. Mi madre me dijo que era igual que mi padre y mi padre me dijo que tirar las cosas por la ventana estaba muy feo. Yo le pregunté a mi padre que si ese castigo afectaba lo de enseñarme la serpiente y dijo que no. Hoy he leído tebeos y tres cuentos de un loro que se escapaba de casa. Una mierda de día.

25 de Agosto de 1.998

Mi padre hoy me llevó a ver la serpiente. La tenía en un zoológico. Me gustaron los monos y las cebras; pero lo que más me gustó de todos los animales, fue una pantera que era muy bonita. Me quedé mirándola y ella se fijó en mi, y me parece que me guiño un ojo y todo. Le dije a mi padre que quería tener una pantera como aquella, pero me dijo que cuando fuera mayor podría tenerla, que ahora era muy pequeño y que no sabría como cuidarla. Si puedo, de mayor quiero tener una pantera para cuidarla y darla de comer y jugar con ella y eso. ¡Es el animal más bonito que he visto en mi vida!

26 de Agosto de 1.998

Mi madre me riñó porque tiré el biberón de mi hermana por la ventana; pero no me castigaron porque le dio a un señor en la cabeza y lo subió hasta casa. Me lo hicieron lavar con agua muy caliente que me quemaba. Mi madre me dijo que todos los hombres hacían lo mismo, que primero lo usaban y después lo tiraban; que era igual que hacía mi padre con ella. Yo eso no lo entiendo muy bien, pero mi padre me dijo que no tirará más cosas por la ventana que un día iba a ocurrir una desgracia.

Mi padre y mi madre hoy se dieron muchos besos y mi madre estaba muy contenta, luego nos dio besos a mi hermana y a mi...¡puaj! Entonces le pregunté a mi padre que cuando me iba a llevar a ver a la pantera otra vez. El me dijo que pronto.

28 de Agosto de 1.998

Se me olvidó escribir en el diario ayer, pero es que mi padre me compró un libro de animales de la selva donde salían leones, hienas, buitres y antílopes. También salía una pantera en una fotografía muy pequeña, pero era distinta a la que yo vi. Hoy mi madre me pegó porque tiré el libro de animales que me había comprado mi padre por la ventana. Mi padre me preguntó porque lo había hecho; y yo le dije que no salían panteras. Me dijo que no había libros solo de panteras. Me hizo bajar a recoger el libro que había tirado y lo estuvimos arreglando hoy, con pegamín y eso.

Mi madre me quitó la video-consola y dijo que no me la iba a dar hasta que dejara de tirar cosas por la ventana. También dijo que todos los hombres éramos iguales, que hasta que no se les ponía en su sitio, no aprendían. Yo no entiendo muy bien eso, porque yo aprendo en la escuela lo de las cuentas y los verbos y los ecosistemas y el aparato respiratorio y el nombre de los ríos y montes y todo eso.

1 de Septiembre de 1.998:

Hoy ha empezado el colegio y vi a muchos amigos y a Julia que me dijo que la besara. Mi madre, que me llevó a la escuela, también me dijo que la diera un beso...¡puaj! La maestra nos dijo que hiciéramos una redacción y también nos dio un beso a todos...¡puaj! Yo la redacción la hice sobre la pantera que vi y puse que de mayor quería tener una. Cuando la leí, la maestra se rió de mi y yo la tiré por la ventana la lista de alumnos de ese año, porque no tiene derecho a reírse de mi pantera cuando sea mayor. La maestra me castigó, pero a mi no me importa porque volvería hacer lo mismo. Y como me mandaron hacer muchos deberes ya no voy a escribir más este diario porque es un rollo. Lo mejor de todo fue lo de la pantera. ¡Eso sí que estuvo bien!

FIN

EL NIÑO DE TREVIÑO

Erase que se era un niño que había nacido en un lugar que se llama Treviño. Él, no había elegido nacer allí ni en ninguna parte. En realidad, él no había elegido nacer: lo nacieron y lo nacieron en un sitio determinado. Cuando lo nacieron, el niño no sabía nada de fronteras, de condados, ni de condenados. Tampoco sabía nada de banderas, de alcaldes, de constituciones, ni de estatutos de autonomía. "Hijo mío, -le diría el padre- eres castellano-leonés"; o bien "eres vasco"; o mejor "eres un niño de Treviño". Y a los hijos de Treviño se les explicó por activa, por pasiva y por refleja, los pros y los contras de ser de aquí o de allá.

El niño de Treviño, ajeno a estas tribulaciones, pensaba en que iba a merendar chocolate, a comer macarrones o a jugar a fútbol con sus amigos del cole. El niño de Treviño se preocupaba de llevar las cuentas bien hechas, las reglas de ortografía sabidas y los problemas resueltos. El niño de Treviño pensaba en cambiar los cromos 'repes' en el recreo del día siguiente, en lo que iba a pedir para Reyes o a quién invitar el día de su cumpleaños. El niño de Treviño, de repente, tuvo una enfermedad muy grave. "¿Adónde lo llevamos?", se preguntaron los familiares. "¡A Burgos!", dijeron unos. "¡A Álava!", dijeron otros. "¡Qué Dios decida y lo dejamos aquí!", dijeron los menos. Y mientras discutían, el niño de Treviño empeoró y murió.

Nadie se acordó del chocolate, de los macarrones, de los cromos, ni de los deberes. Todos se echaban las culpas los unos a los otros sobre lo que había pasado. Entonces hicieron un referéndum para ver quién tenía razón y quién no. Al lado del féretro del niño de Treviño, se instaló una urna para que todos los lugareños mayores de dieciocho años, depositaran su voto junto a las condolencias por tan trágico suceso. Mientras sucedía esto, llegó un señor de Valladolid y dijo que todo era ilegal; vino otro de Madrid y dijo que ese entierro no estaba autorizado por el gobierno; vino otro de Bilbao y puso la ikurriña encima del ataúd del niño de Treviño. Todo el mundo empezó a discutir acaloradamente, defendiendo sus posturas insultando a los otros y amanezándose entre ellos. Uno cogió un hacha y rompió la urna; entonces, muchos fueron a por las escopetas a sus casas y tuvo que intervenir la Guardia Civil, la Policía Nacional, la Policía Local y la Erztaina. La operación para poner orden, como no fue coordinada, fue un caos; creando más confusión de la que había.

Pasados unos días y, como nadie se ponía de acuerdo, decidieron que el culpable de todo había sido el niño de Treviño por ponerse enfermo y morirse. Y entonces, pudieron vivir en paz.

El niño de Treviño atravesaba un tubo de luz. Al final del túnel, un señor con barbas y muchas llaves le dijo: "Te cambio a Guardiola por Raúl". El niño de Treviño se echó mano al bolso y se sacó cuidadosamente un taco de cromos enrollados con una goma. Otro señor con una corona de espinos y con unos clavos en las manos, le llevó un bocata de chocolate con almendras. "¡Jo, de los que me gustan a mi!", pensó el niño de Treviño. Una señora que se parecía mucho a su madre, estaba preparando unos macarrones con chorizo que sabían de rechupete. A Pero Grullo, le tocó ayudarle a resolver un problema que no le salía ni para atrás. El niño de Treviño preguntó a unos niños que estaban jugando a fútbol si le dejaban jugar, que él era un medio centro estupendo... Cuando se fue a la cama, al niño de Treviño se le dibujaba en el rostro una sonrisa de felicidad; y pensó en invitar a su cumpleaños a sus nuevos amigos.

FIN

LA VERDAD SOBRE LA LEYENDA DE MANETOR FINISTERRE (Un relato Celta en la Patagonia)

Escucha a la lluvia

danzar por entre la tierra

de la magia y el miedo.

Escucha los pasos ancestrales

dentro de la niebla

de tus pensamientos.

Escucha el lamento

del viento peregrino

que lleva la capa de la muerte...


Dicen de Manetor Finisterre que vivió en una gruta y que se alimentó de leche de murciélago en su más tierna infancia. Cuentan que su niñez transcurrió en esa gruta y que, murciélagos, pequeños pájaros y roedores y gusanos fueron sus compañeros de juegos. Algunos investigadores, tratando de encontrar la misteriosa gruta, se han perdido (en el mejor de los casos) o han fallecido en su búsqueda. Los arqueólogos que salieron en su búsqueda y fueron encontrados, les hallaron en tal estado de locura, que no pocos se suicidaron después de unos meses de su regreso a la civilización. Pero lo que este relato trata de averiguar es qué tenía Manetor Finisterre como para que más de doscientas expediciones salieran en busca de vestigios observables, cuantificables y empíricos sobre la tradición oral que ha llegado hasta nuestros días. No obstante, antes de dar cuenta de la leyenda hay que aclarar porqué diversos sectores oficiales han acallado el caso.

Las razones expedicionarias fueron múltiples y variopintas. Desde principios de siglo -desde donde arranca el conocimiento de la leyenda- se sabe de la existencia de materiales estelares en el interior de la tierra, debidos fundamentalmente a los meteoritos caídos allende los tiempos. Estos materiales, de riqueza incalculable, han sido encontrados en pequeñísimas proporciones en diversas prospecciones realizadas a tales efectos. Aunque para los científicos estos materiales significan la posibilidad de encontrar respuestas sobre el origen del universo, exoteristas de renombre afirman que semejantes piedras contienen energía acumulada de esa primera explosión, dando como resultado un poder de características mágico-espirituales a quien las posee. De otro lado, son conocidas las posibilidades de una química basada en el silicio y, por ende, en una nueva forma de vida. Todo ello ha contribuido al secretismo de estados y gobiernos que, en su mayoría patrocinaban las expediciones. También compañías privadas de relevancia internacional han contribuido, de una manera u otra, a consignar que la leyenda fuera más leyenda aún. En virtud de unos resultados fatales y nulos, a ningún organismo -oficial o no- le interesó dar publicidad a sus fracasos; y por consiguiente, intentaron borrar cualquier vestigio al respecto.

Según cuenta la tradición oral, bajo los hielos terrestres se encuentran los restos de una civilización subterránea fundada por Manetor Finisterre, cuya ciencia y tecnología se basaba en el conocimiento de los materiales estelares. En Stonehenge (Inglaterra) se encuentra un monolito semienterrado y separado unos 200 metros de la construcción circular más conocida, con una inscripción en griego que reza traducida: "Manetor, tu transparencia y claridad, fueron obscuros muros". Aunque se sabe que los antiguos griegos conocían las costas Bretonas, se desconoce asentamiento de relevacia por aquellos lares y, mucho menos, inscripción similar a la mentada. Este es el primer dato objetivo que se tiene sobre el tal Manetor.

William Peabody, el insigne lingüista, mientras estudiaba la tradición oral del galeico a finales del siglo pasado, encontró la leyenda de Manetor Finisterre en los términos que siguen: "¡Oh tú, Manetor, el hombre del fin de la tierra y el hombre que va más allá del hombre; oh tú metahombre nacido de las entrañas de la tierra, revelador de los secretos arcanos de piedras y de rocas, desvela el poder de la palabra que tu historia contiene! ¡Oh tú, morador de los hielos y que conoces el secreto del fuego, enciende nuestros corazones para que, iluminados, vean la verdad!". Evidentemente, Peabody, por este hecho aislado, no reconoció la magnitud de los hechos que relataban semejante folcklore. Quien conocía la inscripción de Stonehenge y la obra de Peabody, fue el inglés Alland Fairsbank, que fue el que relacionó los dos acontecimientos y quien lo promocionó a las altas esferas de la Inglaterra victoriana. La expedición de Scott al Polo Sur, llevaba como misión principal, el hallazgo de esta misteriosa civilización.

Sin embargo, Admunsen, se adelantó al inglés (pues el noruego Patrick Arganberg había encontrado en relatos vikingos, fuentes similares a las de Peabody y que se han perdido para la posteridad). Admunsen ha sido el único que ha regresado indemne de la experiencia, pero o bien no encontró nada o bien no lo contó nunca. Los canadienses Francois Maurac y Cristian Fournier, concluyeron que Groenlandia debía ser donde se ubicaba la gruta que diera acceso a los secretos que Fairsbank relató en su libro "El centro de la tierra. Sus condiciones sólidas líquidas y gaseosas", en cuyo apéndice figuraba la relación entre una Atlántida y Manetor. La razón de esta ubicación la estimaban en que fueron los vikingos quienes arribaron a esas tierras antes de Colón. Maurac y Fournier eran experimentados ingenieros pero necios organizadores de expediciones. En 1.935, se les encontró congelados a más de trescientos Km. de la costa groenlandesa; quince años después de su partida.

El historiador Percibal Sunderland, encontró una relación directa entre el testimonio de Stonehenge, los relatos galeicos y vikingos y las historias que circulaban antes del descubrimiento de América efectuado por Colón. Se tenía entendido que habría islas e islotes que poblaban el Atlántico y que estaban habitadas por gentes de civilización equivalente o superior a la de la época. Semejantes teorías eran apoyadas por Toscanelli y otros, en cuyos estudios basó Colón su viaje al Nuevo Mundo. Conjuntamente con un equipo de antropólogos, arqueólogos y geólogos, Sunderland ideó un mapa que tuviera en cuenta la deriva continental y la aparición del primer homínido (hace unos tres millones y medio de años), pues posterior a este hecho, carecía de sentido el buscar una respuesta alternativa a lo ya conocido por la historia y prehistoria. Concluyeron que la leyenda de Manetor era un cuento y falsa, pues no hayaron pruebas suficientes como para aseverar la existencia de una civilización en el interior de la tierra. Esto ocurría en 1.939. Sus investigaciones fueron suspendidas durante la 2ª Guerra Mundial.

Un colaborador de Sunderland, Alex Kamsky, fue el único superviviente a la guerra del antiguo equipo investigador e ideó la teoría de que la civilización de las profundidades fue anterior a la aparición del primer homínido; y que, lo que precisamente provocó su cataclismo fue la deriva continental o la separación de la primitiva Pangea. Por lo tanto desechaba relaciones arbitrarias de los viajes de Colón o de los Vikingos y, que de haberlas, habrían sufrido tantas transformaciones a lo largo de los años que se habrían hecho irreconocibles. El cataclismo de la deriva continental habría producido una ruptura de la civilización en dos: una dirigida hacia el hemisferio norte, quien no tendría solución de continuidad debido a la pobreza de recursos en aquel tiempo; por lo tanto hubo de perecer, sino ya en el cataclismo, por la ausencia de recursos naturales. La otra deriva continental se dirigió al hemisferio sur, donde sí se daban condiciones más óptimas. Kamsky, describe la deriva continental como un proceso natural y artificial a la vez; pues no se explica ciertos cambios morfológicos en la propia deriva. Las mismas simulaciones por ordenador en la actualidad, detectan alteraciones en la deriva que nada tuvieron que ver con la evolución de Pangea en los actuales continentes. Por lo tanto, siguiendo a Kamsky, esta civilización de las profundidades, aprendió a "navegar" en sus trozos continentales, aunque con muchas restricciones. En su viaje a la Antártida, Kamsky nos explica la existencia de una raza de pingüinos albinos en una cueva; hoy inexistente debido a que fue dinamitada por los rusos en plena guerra fría y, por lo tanto, no queda constancia de tales pingüinos, por lo que debemos entender su extinción.

Pero, ¿por qué viajó Kamsky a la Antártida? Es evidente que la deriva continental hacia el hemisferio sur se concentró en la Antártida y véase la escasez de tierras en sus enrededor. Sin embargo la deriva hacia el polo sur de parte de la Pangea, que en un principio fue próspera, con el paso de los siglos se trastocó en un nuevo cataclismo; ya que los rayos solares incidían con menor intensidad en aquel lugar y, en consecuencia, el hábitat en el interior de la tierra se vió dificultado por el intenso frío. Kamsky añade el probable agotamiento de los recursos calífugos provinientes del magma endógeno terrestre; pues a medida de un inevitable viaje de avance hacia el sur, se iban necesitando más y más recursos de este tipo. Probablemente este periodo coincidió con la aparición de los primeros mamíferos sobre la tierra. Y hasta aquí la teoría de Kamsky sobre esta civilización perdida, pues su trabajo fue interrumpido porque fue envenenado en un viaje a Moscú durante 1.958.

El gobierno ruso mantuvo en secreto y archivado el trabajo de Kamsky hasta 1.963, quien fue recuperado por Paul Tradock para la carrera espacial que por entonces se iniciaba. El físico ucraniano pensaba que los materiales estalares podrían encontrarse dentro del núcleo terrestre y que no hacía falta buscar en la Luna o en Marte, una solución al alcance de la mano relativamente. Estudió con ahinco el trabajo de Kamsky y, a excepción de la existencia de la civilización del interior de la tierra, todos los resultados sobre la deriva continental de su predecesor, eran correctos. Pero de no haber civilización, ¿cómo explicar las variaciones, a todas luces, arbitraria, que sufría la deriva?. Estaba claro que ciertos movimientos de la corteza continental fueron hechos con la voluntad de hacer retroceder un proceso, a la postre, irreversible. Además, ¿qué tenía que ver la leyenda de un personaje de dudosa existencia llamado Manator, con la deriva?. El doctor Tradock intentó dar respuesta a estas cuestiones.

En primer lugar desveló quién fue realmente Manator, o al menos parte de la historia. En segundo lugar, concluyó la simulación de la deriva continental iniciada por Kamsky. Finalmente Tradock relacionó ambos hechos con una explicación irrevatible. A la primera cuestión -¿quién fue Manator?- Tradock descubrió que no era uno, sino muchos, probablemente padres e hijos en una cadena de generaciones casi interminable. El como llegó a semejante conclusión fue por casualidad. En el verano de 1.968, Tradock se retiró a Siberia para profundizar sobre los trabajos de Kamsky; sin embargo, en una taberna del lugar, mientras los lugareños bebían vodka junto a Tradock, empezaron a contar historias alrededor de una estufa de carbón. Entre ellas, había una que hablaba de Manatov; o mejor dicho de los Manatov, los hombres que seguían las huellas de los antepasados. Un clan dedicado a viajar por el mundo en busca de un pueblo del que decían proceder y cuya sabiduría era poderosa y mágica. Para Tradock estaba claro: el mito nórdico, bretón y siberiano era el mismo. Probablemente, los Manatov serían descendientes de aquellos que el cataclismo de Pangea separó y, que buscaban encontrar su pueblo de origen por toda la tierra emergida. Llevaron consigo, asimismo, parte de los conocimientos de las piedras estelares o, al menos cómo encontrarlas, pues en los tres relatos se coincide en que Manator o Manatov eran personajes venerados y queridos. Da fuerza a esta teoría la procedencia eslava del vocablo (hoy en desuso) de Mas Natov, que quiere decir literalmente "el que busca" o "los buscadores". Se aplicó con frecuencia a los cazadores de focas rusos, quienes buscaban entre los hielos a focas para despellejarlas. Tradock, en sus propias palabras, concluye: "los Manatov, fueron sin duda los primeros pobladores de América. Uno o varios clanes de esta familia cruzaron el hoy llamado estrecho de Bering para dirigirse hacia el Sur, no siguiendo la caza, como suponen los historiadores, sino en busca de sus hermanos cataclísmicos de hacía siglos atrás."

No obstante, antes de proseguir, conviene aclarar cómo una civilización que vivía en las entrañas de la Tierra salió a la superficie logrando una adaptación más que suficiente. A esta cuestión nos puede responder Josuah Norf, quien conoció a Tradock antes de que éste falleciera en circunstancias misteriosas. El testimonio de Norf, es sorprendente, pues además de escribirlo desde el manicomio donde estaba internado desde que viajó a la Antártida, responde a algo que ni Tradock, ni Kamsky lo hicieron. Norf infiere que una civilización en el interior terrestre de gran magnitud, debía tener grandes túneles de comunicación para el transporte y el intercambio de mercancías y personas. Refiere que, precísamente la abundancia de semejantes excavaciones internas fue lo que provocó el cataclismo de Pangea y, por extrapolación, la propia deriva continental. Los túneles fueron la causa inmediata del hundimiento de la corteza, que provocó a su vez fuerzas de reacción y retroacción, alzando partes de la tierra subsumida en los océanos. Esta fase de caos se vió aumentada por lluvias meteoríticas y erupciones volcánicas inauditas. A su vez terremotos y maremotos, fueron las fuerzas equilibrantes del desajuste causado por los intraterrestres. Aquí es donde relata Norf que los meteoritos trajeron nuevos materiales que se unieron a los existentes de la proto-tierra y, donde estos individuos, supieron de sus propiedades y efectos. Uno de ellos fue la radiación, aunque Norf, no explica ni cómo ni porqué.

Norf, continúa explicando que, al romperse la red de comunicaciones interiores por el cataclismo, los intraterrestres salieron a la superficie, convirtiéndose en interterrestres u "hombres entre tierras". Esto pudo ocurrir hace tres millones de años y medio (justo con la aparición de los primeros homínidos), cuando las redes interiores se habrían colapsado por completo en el Ecuador y el hemisferio norte. Y aquí comenzaría la búsqueda de los unos a los otros. En tan enconada acción para encontarse los inerterrestres a los intraterrestres en la superficie, se encontraron con los homínidos, quienes poco a poco fueron recogiendo su tecnología. La respuesta antropológica de Norf, da consistencia a lo que anteriormente Tradock, habría ideado.

Tradock estima que los primeros interterrestres que penetraron en la actual América lo hicieron mucho antes del año 10.000 a.d.C.; y que los hombres que les siguieron lo hicieron a partir de rutas ya trazadas por aquellos. Es decir, Tradock postula que la expansión del hombre por la tierra seguía rutas y caminos delineados y diseñados por los interterrestres; y no sólo refiriéndose a los primeros pobladores de América, sino a la Tierra entera. Razona que las pruebas por ensayo y error que habría hecho el hombre por su propia evolución, hubieran sido nefastas para su supervivencia y, que necesitó de estos interterrestres para evolucionar y sobrevivir en sus experiencias nómadas.

Conviene ahora contestar a la segunda cuestión planteada por Tradock: qué sucedió con la deriva realmente. A la hora de producirse el cataclismo inicial, los intraterrestres fueron separados. Un gran grupo quedó a la deriva en lo que conocemos por la Antártida. Esta porción de Pangea, según Tradock, viajó inexorablemente hacia el polo sur, pudiendo mantener el núcleo básico de redes interiores gracias a los hielos que la iban cubriendo en su odisea hacia el polo. Básicamente los intrahombres que permanecieron en ese trozo de Pangea pudieron mantener intacto su 'modus vivendi' y su 'modus operandi'; de tal suerte que siguieron viviendo bajo tierra. Sin embargo, la odisea polar acarreó consigo una bajada de temperaturas que fue agotando los recursos internos y externos de la porción pangeica. La pequeña población de intraterrestres, en una situación endémica y desesperada, al borde de su desaparición, hicieron un último y desesperado esfuerzo por sobrevivir. Cuando la Antártida se iba a fijar en su actual ubicación, aprovecharon la falla natural al este de la tierra antártica, y generaron una serie de explosiones con el fin de desglosar una isla que viajase en dirección contraria. Tradock lo relata de la siguiente forma: "Los intraterrestres se concentraron en una extensión de unos 100.000 ó 200.000 Km. cuadrados, colocándose en el margen izquierdo de la falla. A las condiciones geológicas y volcánicas de la zona, añadieron potencia artificial para desglosar totalmente una isla que les permitiera viajar hacia el norte en vez de hacia el sur, tal y como lo estaban haciendo. Tal vez en este punto tuvieron que salir a la superficie, pues ya deberían haber aprovechado muchos de los recursos madereros, vegetales y animales que les había proporcionado el exterior. El desglose debió ser brutal, porque la potencia que se tuvo que generar fue muy superior cientos de bombas atómicas. Los cálculos de los intraterrestres fueron acertados parcialmente, pues la isla tomó rumbo noreste girando sobre sí misma; yendo a parar al sur del actual continente americano y generando la cordillera de los Andes. La isla de los intraterrestres es el lugar al que llamamos La Patogonia".

La tercera cuestión planteada por Tradock, fue cómo relacionar la leyenda de Manator y de los interterrestres con la de la deriva continental y los intraterrestres. Si el desgaje hecatómbico de la Antártida por parte de la isla de Patagonia no terminó con la vida de los intrahombres, tuvo que hacerlo -según Tradock- el choque no menos terrible con la plataforma americana. Si quedaba algún intrahombre en el interior de la isla, el choque tuvo que colapsar las oquedades que aún restaban. Tal vez y sólo como una remota posiblidad, los intraterrestres salieran a la superficie (convirtiéndose en interterrestres a la par) salvándose unos cuantos cientos.

Cuando en su viaje a través de la superficie de América, los interhombres de Manator llegaron a la isla ya incrustada (a la actual Patagonia), debieron encontrar un paisaje desolador y desconsolador: el intento desesperado de la deriva de una pequeña isla continental había sido un fracaso y, a su vez, sería desalentador no encontrar supervivientes o, en su caso, de hallarlos, encontrarlos en un estado totalmente paupérrimo. Hasta aquí llegó el relato de Tradock.

Tobías Enphusin, bioquímico estadounidense, tuvo la feliz idea de recuperar el estudio de Tradock durante los años 70. Analizó diversas muestras tanto de material estelar como de genética humanoide y sus conclusiones no dejan lugar a dudas: los homínidos no pudieron evolucionar naturalmente hasta el actual 'homo sapiens sapiens', a no ser por un salto cualitativo cifrado en el paleolítico inferior. Esto, con ser sorprendente, se deja llevar por su contundente afirmación: "genéticamente los homínidos no estaban mucho mejor programados que los actuales chimpancés. Sólo una carga genética nueva pudo producir el salto o el eslabón perdido. De alguna manera, debemos afirmar que existía una caldo genético combinable con el de los homínidos pero distinto a éstos. Tal vez fueran intraterrestes o interterrestres -tal y como afirma el ruso Tradock-, pero de lo único que podemos estar seguros es que hubo algo más".

Las palabras de Enphusin, no cayeron en el vacío, pero su trágica muerte en un accidente aéreo en los Andes puso fin a una fructífera carrera. John Sanders, alumno de Enphusin recogió sus notas y manuscritos y recopiló información de relatos sobre Manetor o similares. Sanders en 1.985 publicó "Atlántida, el continente encontrado" y fundamentó consistemente que, de haber existido los interhombres, éstos tuvieron que mezclarse con la población autóctona de la superficie; porque a todas luces, era una especie endémica y en vías de extinción. Sanders calculó que la población de interhombres a la hora del choque patagónico pudiera cifrarse en unos millares y que, no tuvieron más remedio que plantearse un nuevo modo de supervivencia. El viaje a América fue de ida de vuelta. Volvieron a recorrer América (esta vez de sur a norte) y pasaron de nuevo a Euroasia. Las primeras mezclas entre interterrestres y homínidos dieron como resultado diversas estirpes, las cuales, a la postre, no tuvieron solución de continuidad y se extinguieron. De algún modo, los interterrestres -prosigue Sanders- fueron mejorando el intercambio genético hasta conseguir una especie evolutiva altamente cualificada y adaptativa; muy similar a ellos. Finalmente, obteniendo un resultado satisfactorio, los interterrestres desaparecieron o se extinguieron.

Para el psicólogo argentino Diógenes Talio, las historias de magos, duendes, brujas y ciencias ocultas guardan estrecha relación con la existencia de intra e interterrestres: "la esencia del inconsciente colectivo es que sabemos que genéticamente estamos programados para expandirnos. En esa expansión nos damos cuenta de que por nosotros mismos no habríamos llegado a nada sin una magia protectora, sin un áurea energética que dimana las fuerzas telúricas de nuestros ancestros. A estas fuerzas telúricas las llamamos duendes, amuletos, dioses o simplemente naturaleza. Kempes o Maradona son claros ejemplos de lo que digo. Argentina quedó campeona, futbolísticamente hablando, gracias a que estaba escrito en su destino".

Andreas Raffi, conocido psicoanalista italiano, propone que los diversos mitos generados por la multiplicidad de culturas humanas son una referencia clara a estos interterrestres que fueron, de uno u otro modo, los artífices del crecimiento del cerebro humano. El doctor Antopopoulus esboza la teoría que fueron los propios homínidos los causantes de la extinción de los interterrestres, en orden al canibalismo de aquellos; sin embargo, Nicolás de Ovando afirma que, unos pocos continúan entre nosotros, aunque la mayoría hayan perecido. Ovando llega a afirmar que Colón, Newton o Einstein fueron algunos de aquellos interterrestres que estuvieron entre nosotros, Manators que de alguna manera permanecen y ayudan al crecimiento humano.

La prestigiosa ufóloga Yasmine Karinski, propone una base interestelar de estos seres en el triángulo de las Bermudas y que su origen primigenio es extraterrestre. Sin embargo, el minerólogo Andrei Vorosky, en 1.996, afirmó: "las evidencias de una cultura que trabajaba material estelar son irrefutables. Probablemente se basaba en una química del silicio muy rudimentaria pero efectiva, de alto poder energético y con bajo producto de materia. Estos seres rudimetarios pudieran ser similares a imágenes luminosas e impulsos electricos antropomórficos. Los numerosos vestigios aportados por cuentos, leyendas, mitos e historias de cualquier lugar de la tierra, en cualquier tiempo y con cualquier cultura (muchas veces sin contacto alguno entre sí), son suficiente prueba como para considerar la posibilidad de seres 'mágicos' que habitan entre o dentro de nosostros. La leyenda de Manator Finisterre es simplemente una de tantas historias que circulan por el mundo. La universalidad de la misma radica en que es muy posible que esos seres anden todavía buscando su hogar, su Pangea, el interior de algo o de alguien donde habitar; porque en definitiva, ellos representan los interhombres, los intrahombres, los metahombres."


EPÍLOGO

Escucha a la lluvia

como habla de ti

y de tu interior.

Escucha al duende

que tiraste a la basura

como llora en soledad.

Escucha las leyendas

que hablan del miedo

que sientes al escucharlas...

América tiene sus verdades escondidas en las profundidades de sus montañas y valles. Es allí donde se forjarán los nuevos metahombres que llevaran a cabo la gran migración hacia las estrellas cuando se extinga el Sol.

FIN

FALU COM QUIERU E VOAÇÉ ENTIENDE LO QUE TE DÉ LA GAINA

A Georgina

En siendo eu de Lleón, cruceiro do caminos, personaxes provenentes de xeographias e latitudes muy variadas e cambiantes, fablares e linguas distintas meçcláronse e mí, e las palabres y los fechos fueren en mi cabeça tan diferentes que causaren –ya desde ha moitos annos– vocabularios que, nin el famoso Nebrixa desficiera el entuertu. Nas palabres son modernes e con estilu cuidau’n la sulla gramática; outras son antiquas y casi latinaxos de allende los tempos. Emperu, el Nostru Señor non me dyu orden ni conçertu para expresailas en un buen facer en sólu una de’llas, e fablu todes sin fablar nona. Dixeron que dislexias o epilepsias eu padeçiere, pero paréçeme a mí que’l Caminu do Santu Yagu a influxidu más en mí que cualquiera outra cosa. Es d’esta forma, que dexo’l letor llibre las suas entendederas, e por si non lo sabían o conoçieran, da lo mesmo falar que cayar.

E como eu non supiere excrybir de una sola maniera, falu com me sale, que algu sueltu entendieren uxtedes; e perdonaren si fuere mal excrytu’n lingua suia vernácula (o taberná-cula, porque a fé meua, se face más philosophia en las ventes e estableçimentos do vinu, que en las desgraçias de las xentes). Fecha la advertençia a’n letor despistadu, quieru clarar que’sto non é lleonés o lleunés (como dixen outros), ni’s asturianu, ni’s galego. Tampocu fuera casteyanu e moitu menos cataláunicu. Do’l “euskera” ni falo, porque non entiendu ni falta que me face, com dexía mi pobre mater. E penso que non fai má linguas por ver, non sieran las extranxieras, tales com’l anglés, el francu o’l romanu (o ítalo o italianu, que dixen los eruditos).

En siendo mi mala cabeça tan mísera par organitiar todes estes linguas, fai veces que nin eu mesmu me entendu, e dixo cosas que xon dislates; e porque siendu eu moçu, el maestre solu m’ensennó la sua vara do atiçar el ganau; dexándome por imposible cuandu se rompiere en la meua espalda. El mi pater, marchose siendu eu rapacín, e aunque era moitu nen, m’cordo de lo que díxome antes de non volvere: “Fiyu míu, e com non sabes falar bien e eu non sepo ensennarte de modu adecuadu, lo melior que podes facere es cayarte cuantu podas; pos asín naidie se dará conta de lo idiotu que eres.”

Fícele caso en lo que pude, e como fabía má’hommes sobre la terra, eu non tuve má remedio que falar con algunos d’ellos. Asín aguanté risotadas e bromas cuandu nen, pos unos falaban galego, otros casteyanu e los de mi castru, bable. En siendo ya buen moçu díxome mi mater: “Nen, como ya vai siendu malior, toma un pocu de tocinu e pan e vete a la cuidade e capital para trabayar en lo que podas, porque las vaques non dan má laite que pa mí y tus fermanos pequennos”. Coxí el tocinu y el pan que dyome y agarré caminu do’l ciudade grande. Allín dirixíame cuando topé con un peregrinu y me dixo: “¿dó vai?” E como soy duriyo de orexa, eu entendí: “¡Kuwait!”. E crey entonces que fuera un sarracenu de los que falaba el maestre en l’scola e que yba a robar y saquear castros. Pos asín como crey, me fice el tontu, e cuandu pasare por el myo ladu, dyle con una pedra que recoxí d’l caminu para facer bulto en el meu çurrón, pos ya fabía comíu las viandes e estaba má vaçío que la mya cabeça.

Dyle tan forte a’l supuestu sarracenu que abrille el cráneo, e los sesos e xerebru quedáronse en aquel llugar do caminu, non asín el su corpe, que desfacía el dixo antiquo de “mens sana in corpore sanu”, porque sigyó faciendo camín como sin naida. E eu segy faciendu’l meu, cayadito como mi pater díxome. Pero’l corpe d’l sarracenu yegárase a’n castro çercano e puso’n avisu a la alguacilada, faciendu sennas y xestos de que le fabían rotu la cabeça. Entonçes apresáronme y me ficieron xuicio. Después que’l descabeçau falase, el xuez díxome : “¿algo que alegar en su defensa?” Eu como por la fame asín como por propia natura, la orexa no’s meu forte, entendyle: “¿algo que cargar de la despensa?” E eu dixe moitu seriu levantándome: “Moitas graçias, sennoría. Eu neçesitaría chorizú e pan, e si fai vinu, melior.” En pensé eu que’l xuez, homme cultu e sabín, tení meditadu moitu lo que’n buen moçu neçesytaba par’el camín. E dyome caima e cobixo en dais e noites que non conté. Asín dyome comida: garbanços, lentexas, pan de centenu y fabes cocidas. E si non fuere que non me dexara salir de la cás (porque debyame querer como a un fiyu el xuez), allí quedárame par sempre.

Pero’n dai me dixeron: “yes llibre”, e me dyeron monedes y pan de centenu; e proseguí camín tola xornada. Fice noite en’l campu, baxo las estreilas e dormime. Levanteme tempranu e fice moitu camín, pero perdime e non hallaba el caminu buenu. E como pasara un labriegu, le dixe: “Buen homme, ¿por dó la capital?” E díxome: “¡Non me mates, toma el capital que traigu!” E me dyo los sus dineiros sin eu pedir naida. Lluegu, echóse a correr com alma que yeva el diablu. Asín ficiéranse las jornades, con má o menos riestras de chorizu, e con má o menos telares con los forasteiros. Un’homme dyome tolo suyu, pos dixo que ante Nostru Sennor non neçesitaba má que lo que yevaba pués. Fime desta meneira xuntadu dineiru e una muller me daba dos monedes por compannarla tolos dais por la noite a cás de’n que non era su maridu. E eu veía com yacían los dous e facían lo de la vaque e toru para dejarla prennada. E comu’n dai viéranos el su maridu, se nos viniere com locu e armadu, e eu dyle a las pernes lo má’prisa que pode. Exo sí, corrí, e corrí con to’l dineiru encime. El maridu decíame: “¡Non fullades, cobarde!”, poro com non iba a fuir si queríame atiçame. E com non coxíame, emprendiola a palos con la su muller, que tambén dexía: “¡Cobarde, fuyes agora que’u ten’çisitu!” E pensé entonçes que si non men’çesitaba para folgar o prennar, tampocu men’çesitaba para recibire los palos.

Tán corrí que llegueme a’n portu do barcos, e allín subíme al primeru que vi. Embarqueme par las Amériques e non sabí miu destinu. Resultose’quel fueren las Arxentines e allín quedeme par trabayar com fabía dixo meua mater. E com tení dineiru, non neçesitaba hacello, e pensé: “Dios quisu que tuviere dineiru e que non trabayara; y fai que facer má casu a Deu que’na mater”. Asín que viví sin trabayar, folgandu dó quise y conoçiendu xentes de aqueyos lares. Procurábame non falar, poro cuandu me preguntaban, eu intentaba contestar lo mellior que’u sapía. Allín falaban de “vos”, e porque debieran ser tolos de alta’lcurnia; e pensé que con el miu dineiru, eu debía ser tambén “voaçé”. Poro, a lo que vi, los “voaçés” prennaban y folgaban lo mesmu que’n tolas partes. Amín, yamáranme “gayego”, e aunque eu les dexía a los “voaçés” que non lo fuere, ellos lo dexían lo mesmu: “¡puto gayego!”. Eu com non lo fuere, dábame tambén lo mesmu. E pensé entonçes questa debía ser la terra de “dar lo mesmu”, pos allín fueren tolos “voaçés”, vinieren de dó vinieren o sieran galegos o non lo fueren. E com allín falaban casi como’u, me dexaron falar com amín diérame la gaina, e non volvy a tenere telares en hacenme entendere; pos en la Arxentina, nadie escoita a nadie y tolos falan sin parar. E de veç en cuandu, te dixen “vos” por voaçé, par ver si les escoitas algu. Poro com da lo mesmu, los “voaçés” te falan, e cuandu non saben que dexir, dixen “ché” e quedan en paç de Deu. E cuandu falu o parlu con eyos, los “voaçés” les paeçe bén lo que dixu e non tenen telares conmín. E com aqín da tolo mesmu, tolu’stá bén e tolos fueren feliçes; e si fai partidu de fútbol, entonçes si fabía’lgunu que trabayara, ya non lo ficiere. E ya non fai nin vasques, nin catalaúnicos, nin galegos, nin astures, nin lleoneses, nin naida, porque tolos fueren allín “voaçés”.

FIN

LA FÁBRICA DE LOS CUENTOS

A Susana

Cerca de donde sale el sol, allende el horizonte, entre montañas y arcos iris, por senderos agrestes y bosques encantados, está la fábrica de los cuentos. Todos los países, naciones y lugares tienen una; pero se halla tan escondida, que sólo los niños cuando duermen plácidamente, pueden encontrarla. Allí, donde los sueños se cosen junto a las personas, donde las nubes son de algodón y donde las flores son de caramelo y la hierba de regaliz. Ríos de almíbar y chocolate, árboles que ofrecen gominolas, casas que se comen porque son tartas, mesas y sillas de turrón, juguetes de todo tipo por doquier, pirulís de todos los colores y sabores, helados riquísimos y golosinas para quién las quiera. En ese lugar, está la fábrica de los cuentos.

Cuando entras en ella te recibe el Besalotodo, quien te da un beso de bienvenida y te dice dulcemente: “disfruta con tu visita”. Un poco más adelante, está la máquina de hacer chistes y, enseguida, te estás riendo a mandíbula batiente. Al lado, está la cadena de montaje de las fantasías, en la que echando las palabras por un agujero, salen luego por otro como si fueran películas cine. Allí se las pasan al Cuentacuentos, quien las ordena y se las aprende de memoria para luego deleitarnos con sus historias. Pero si quieres algo verdaderamente espectacular, no puedes dejar de ver la sección de hechiceros. Allí, brujas, magos, hadas y duendes, lanzan sus conjuros y hechizos para que las cosas que cuenta el Cuentacuentos se conviertan en realidad.

La directora de la fábrica es Doña Imaginación, que en vez de mandar, deja que todo el mundo haga lo que quiera. Don Absurdo es quien maneja la máquina de hacer chistes, pero también ayuda y enseña a Chiquirritín, que es un aprendiz muy pequeño. Chiquirritín aún lleva pañales, y se mea y se caga a cada poco. Don Absurdo se enfada mucho, pero llega Doña Cariñines y le cambia en seguida. Doña Cariñines es la madre del Besalotodo; y siempre anda repartiendo amor y cariño a todos los de la fábrica.

Las brujas Curuja y Piruja, vuelan con sus escobas y hacen carreras. Merlín, con el ceño fruncido, discute con Chindasvinto quién es mejor mago de los dos. La Señorita Abracadabra vuelve a todos como una cabra; y Chiquirritín… ¡ya se ha vuelto a cagar otra vez!

En la fábrica de los cuentos puedes sacarte todas las cosas de la cabeza y volverlas a meter, ponerte unas gafas y ver el mundo del revés, ponerte esas gafas al revés y ver detrás de tí, jugar al esconderite sin nadie que te encuentre o tener un millón de mapas del tesoro en uno solo. En la fábrica de los cuentos puedes sacar las cosas que salen por la televisión, simplemente, metiendo tu mano por la pantalla y cogiéndolas. También puedes jugar con Soplamocos a los azotes en el culo, o con Pilluela a corre que te pillo. Como los juguetes están por todas partes, las personas están el santo día jugando, olvidándose de quiénes son y quedándose allí para siempre.

La biblioteca de la fábrica tiene todos los cuentos que se han escrito durante la historia, siendo tan inmensa que toda una montaña casi no puede contenerla. Ahí están Caperucita, los tres cerditos, el patito feo, el soldado de plomo, el traje del emperador, y un sinfín de ellos. A la fábrica de los cuentos van sabios y escritores a investigar o a recoger sus encargos; y la biblioteca, suele ser su lugar de encuentro. Hablan de lo divertidos que son unos, de lo que significan otros o, sencillamente, escriben cuentos con la ayuda de enanitos y gnomos.

En la fábrica de los cuentos, no hay nada imposible, porque lo que piensas puede convertirse en realidad. “¡Pero sólo los pensamientos buenos, eh!”, dice Doña Imaginación sonriendo. Así puedes ser tan pequeño como una hormiga, o tan grande como una catedral. Es posible quedarse quieto como una estatua o moverse tan rápido que no se te ve. Respirar debajo del agua, irte al espacio sideral y estar en cien sitios a la vez, son cosas que las puedes hacer en esa fábrica. ¡Chiquirritín!, ¿te measte otra vez? Y aquí está Doña Cariñines con sus pañales.

Se hacen espejitos mágicos de dos clases: los que te hablan y los que se atraviesan. Lo que te hablan son como personas; mientras, los que se atraviesan, te hacen pasar a un mundo paradójico y laberíntico. “El otro lado de espejo puede ser peligroso”, advierte un conejo blanco. Porque en la fábrica de los cuentos, los animales hablan, las cosas cobran vida y las piedras y los árboles se pueden mover. Claro que las piedras tienen el Comepiedras que se las puede comer.

Al fondo de la fábrica está la sala de los inventos, donde se inventan las cosas para luego ser utilizadas en los cuentos: un cepillo de dientes para lavar los pies, una mano con siete dedos, una cachiporra para pegar a los malos, un avión de caramelo, una cabeza parlante, un escarabajo que está bocarriba, un lápiz que escribe sólo, una escalera que cuando subes bajas, una canción sin letra ni música, un Hacedetodo, una televisión que te metes dentro, un ojo con lupa, un sello que se despega solo, una máquina que no sirve para nada, un muñeco que se convierte en ti…

En la fábrica de los cuentos puedes hacer que tu propia historia sea un cuento; puedes ser protagonista de mil aventuras, cambiar el pasado, ir al futuro, volver y regresar en un segundo; te puedes cambiar la cara y el cuerpo miles de veces y no acordarte de cuál era la que tenías en un principio; puedes volar junto a los pájaros o ser uno de ellos, ser jefe o estar solo; ser amigo y estar con ellos; ser y no ser a la vez; tener cientos de muertes y tantas resurrecciones; hacer una leyenda de otro o vivir tu propia vida.

¡Y Chiquirritín ya se ha vuelto a cagar otra vez!

FIN